Las complejidades del sistema de relaciones laborales argentino

abril 18, 2013 | Por Ricardo Foglia

dreamstime_xs_10219746_retEl sistema de relaciones laborales argentino se ha ido tornando, con el paso del tiempo, cada vez más complejo. Las causas son múltiples, aunque cabe destacar cuatro aspectos de gran incidencia.

El primero se refiere a la vetustez de las normas, el segundo al endémico problema del trabajo no registrado en tercer lugar, aunque no menos importante, la poca fiabilidad de las estadísticas oficiales y, finalmente, una tendencia a no cumplir con la ley.Respecto de la ancianidad normativa se advierte, por ejemplo, que la ley general (la ley de contrato de trabajo) data, en su estructura central, de la década del 70, las normas sobre la jornada de trabajo son del año 1929, la ley de asociaciones sindicales es del año 1988, la de obras sociales sindicales fue sancionada en el año 1989, la ley de empleo es del año 1990 y la ley de riesgos del trabajo del año 1995 (con algunas reformas ulteriores).
Esta circunstancia trae como consecuencia que muchas de las instituciones previstas por el sistema normativo resulten desactualizadas con la realidad productiva actual, hecho que genera no pocas controversias y que explican una alta litigiosidad.

Como ejemplo de ello puede señalarse lo que sucede con el cálculo de la indemnización por despido. Según nuestro sistema la misma es de un mes de sueldo por año de servicio o fracción mayor de 3 meses, tomando la mejor remuneración mensual, normal y habitual devengada en el año anterior al despido, con un tope vinculado con la convención colectiva aplicable. Algo que debiera ser tan sencillo, ya que es determinar cuento tiene que pagar el empleador y cuanto tiene que cobrar el trabajador, da lugar a muchos litigios ya que se discute que es remuneración, cual es la mejor, cuando es habitual, si se debe computar el bono y en su caso cuando, que sucede con las comisiones, en qué casos el tope es válido y cuando no, que salario se computa etc. Una consecuencia es que dos reclamos iguales pueden tener respuestas diferentes ya que depende del criterio del juez que entienda en el pleito.
Otro tanto sucede con el tema de las contrataciones y subcontrataciones, ya que no está claro cuándo el contratante responde solidariamente y por ende los fallos, interpretando la misma norma, arriban a conclusiones opuestas. Lo mismo sucede cuando intervienen, las empresas de servicios eventuales. En esta cuestión es dable señalar que la ley de contrato de trabajo veía el fenómeno de la tercerización con desconfianza ya que no se ajustaba al modelo productivo de la época. Hoy en día los fenómenos de descentralización productiva se han insertado en el centro del sistema, no tratándose, como era antes, de excepciones sino de un mecanismo consustancial a la forma de organizar la producción y por ende el trabajo.
El trabajo no registrado es un mal endémico de nuestro sistema de relaciones laborales. Según los índices oficiales el porcentaje es del 34% del total de los trabajadores, que se eleva al 40% en otras mediciones. En definitiva se trata de una cantidad de 3.8 millones de personas aproximadamente.
El grueso del mismo (80%) se concentra en empresas de menos de 10 trabajadores, y de ese porcentaje la mayoría se ubica en aquellas unidades de menos de 5 empleados.
Ello pone en evidencia que se trata de un fenómeno esencialmente económico. Dichas unidades productivas no pueden soportar los costos que implica cumplir con todos los recaudos que exige la ley laboral general (pensada para grandes establecimientos industriales), así como con los costos de las cargas sociales y los impositivos. Se trata de establecimientos cuya rentabilidad solo alcanza para pagar escasos salarios, un ingreso módico para el titular del emprendimiento y afrontar los insumos básicos para permitir el funcionamiento de la empresa. El empleador es, en los hechos, un trabajador más. No tienen acceso al crédito bancario, su tecnología, cuando la hay, es obsoleta y la productividad muy baja.
El tema de las inconsistencias estadísticas conspira contra el desarrollo de políticas laborales y sociales adecuadas. Así por ejemplo las estadísticas oficiales computan como trabajadores a los beneficiarios de los planes sociales, y no incluyen en las mismas a aquellos que han dejado de buscar trabajo pero que desean obtener uno. Una cuestión no menor es la referida a los índices de incidencia siniestral en materia de infortunios del trabajo, en donde no se incluyen los infortunios de los trabajadores no registrados, que es, seguramente un sector con muchos infortunios.
También se advierte, un desapego al sistema normativo que es particularmente notable en el ejercicio del derecho a reclamar y de huelga. En efecto, una costumbre extendida es que cuanto más afecte a terceros ajenos a la relación empleador-trabajador un reclamo sindical más eficaz va a ser la protesta. Esto es la misma se mide no en función de la justicia de lo perdido sino de los perjuicios que se causan a los ciudadanos, que por otra parte nada pueden hacer para solucionar la contienda más que soportar las incomodidades que se le causan. Indudablemente, y desde hace 3 años, y particularmente a partir del año pasado, un motorizador de los reclamos es la cuestión salarial, que tiene como subyacente una elevada inflación que erosiona los mismos.
A la falta de solución de esos problemas se le suma el escaso o nulo tratamiento de otros muy relevantes como los referidos a la empleabilidad, la conciliación entre familia y trabajo, la prevención de los infortunios del trabajo, la ampliación de la negociación colectiva a otros temas no salariales, un régimen específico sobre discriminación o mobbing, un mecanismo de garantía de cobro de los créditos laborales en caso de insolvencia del empleador, entre otras cuestiones.
Creo que el sistema de relaciones laborales argentino necesita una profunda revisión, el cual, en modo alguno debe significar desproteger al trabajador, sino adecuar la misma a la realidad productiva y de organización actual, que fomente el empleo y resulte previsible. De esta forma dicho nuevo régimen, que vislumbro va a suceder por agotamiento del actual, debe ser un sistema pro trabajador y pro empleador.

Fuente: Ricardo Foglia, publicado por La Nación bajo el título Las complejidades del sistema de relaciones laborales argentino

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